Extracto de “El buscador de sueños” (1).

  • Escucha, -exclamó un fresno-, quizá yo sea el árbol más débil, el menos llamativo del bosque. Sólo sé hablar de amor y de poesía.
  • Existen la noche y el día, el sol y la luna y una infinidad de estrellas, pero también está el viento que pasa por el bosque contando cuentos.
  • Precisamente ayer, el mistral se tendió sobre la hierba fresca y me contó la historia de una semilla de enredadera que un día de viento cayó al pie de un chopo. Enseguida se encontró bien, germinó deprisa y se alimentó de la savia del gran árbol, y en poco tiempo sus flores alcanzaron las ramas más altas.
  • El chopo guardaba silencio, dejaba hacer, pero cuando la enredadera se dirigió a él con arrogancia preguntándole qué edad tenía, el árbol se picó y respondió: “Estoy aquí desde hace cuarenta años”.
  • “¡Qué despacio has crecido!” Yo sólo he tardado un mes en alcanzar tu altura, quizá porque a Dios le guste el perfume de mis flores”.
  • “No presumas demasiado, porque cuando estalle la primera tormenta las cosas podrían cambiar”.
  • Vinieron los vientos y cayó la lluvia. El chopo se tambaleaba, y las ramas de la enredadera que habían trepado por su tronco se desprendían una tras otra y todas las flores acabaron cayendo al suelo. En unas horas el chopo se quedó de nuevo solo.

“Hemos podido llegar hasta aquí porque poseemos las dotes necesarias para comprender lo que queremos transmitir. Sabemos cuanto está sucediendo en el mundo y nos mostramos contrarios a la destrucción, al odio y a todo lo que destroza el equilibrio natural de la Madre Tierra. La humanidad está gravemente enferma de egoísmo y de ansias de poder. Mira con ojos ofuscados y sólo ve sombras. Las voces que escucha no son sino el eco de una realidad distorsionada. Hay una gran pobreza: la de las personas que nunca están contentas con nada, la de los que no saben reír ni llorar, la de aquellos que no saben dar nada de sí mismos a los demás. Y hay también una pobreza todavía más gélida: la debida a la falta de amor. La humanidad es como un caminante que en la oscuridad de la noche sólo ve fantasmas que pasan por su lado en silencio. Está sentada a orillas del gran mar, pero no sabe lo que son las olas ni las mareas”.

El relato nos enseña que bajo este cielo cada uno está atado a su destino: se puede ser rico y caer en la miseria, se puede crecer hasta sobrepasar a los demás y en poco tiempo empequeñecer. A Dios le gustan las criaturas sencillas que no hacen ostentación de su fuerza y de su sabiduría.

  • Un hombre alardeaba de saberlo casi todo porque había devorado infinidad de libros. Los presentes le escuchaban maravillados y se sentían insignificantes ante su saber. Pasó por allí un sabio que había escuchado las últimas palabras y dijo: “No son los que comen mucho los que están mejor alimentados, sino los que digieren bien”.
  • El hombre que lo sabía todo se echó a reír y repuso: “Leer muchos libros es como mantener una conversación con los mejores hombres de los siglos pasados”. El sabio contestó: “Lástima que tú no hayas coincidido con ninguno”. Como ves, la sencillez es el sello de la verdad.


Extracto de “El Buscador de Sueños”

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Elysabeth García
Tutora Ciclo Superior EPO
CENTRO LUZ CASANOVA-USERA
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2 Comentarios

  1. muy bueno ely, hay muchos maestr@s devoradores de datos que no aportan nada nuevo y que nos recuerdan, en el mismo momento de su arrogancia, el gusto y la fluidez que tiene lo sencillo. Gracias.

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